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EL Pescador
El Pescador

El Pescador

 

por: Domingo J. Marqués

 

            En las orillas de una playa de Vieques, mientras el Pescador prepara sus nasas, las algas se entrelazan con los cartuchos que dejan los bombardeos de las prácticas militares. El agua brilla, se refleja un arco iris, son los químicos de las bombas. Su alma quebrada, su paraíso tropical ha sido violado. En este basurero militar vive el Pescador.

            No crece la grama en Vieques, no hay ni lagartijos. Ciudad que muere, no quedan peces en sus playas, estos le huyen a los porta-aviones. No hay gallos que alegren la mañana, aquí despiertan los estruendos de las bombas cuando estremecen las ventanas. Pero en la mente del Pescador Vieques podría ser más linda, más pacífica, y él ve en su mente un Vieques precioso, un Vieques lleno de frutas y de flores de flamboyán. Un Vieques donde las personas y los animales se codean juntos y se ayudan mutuamente.

            El Pescador no sabe leer ni escribir, y el poco inglés que sabe es con acento pronunciado. Pero las fuerzas militares se equivocan con el Pescador, creen que por que habla con acento pronunciado también piensa con uno. El Pescador vive una dualidad, lucha por sobrevivir y ganarse la vida pescando, y lucha por sobrevivir y no dejarse pescar por los militares. Entra en sus bases, rompe sus verjas, como ellos les rompen sus nasas. Lo golpean, lo encarcelan, le quitan el pan de cada día y luego le ofrecen su ‘amistad’. Él sabe que su realidad necesita una lucha, pero no le preocupa, él es hijo del mar, es su naturaleza y su necesidad luchar contra lo que le presente el mar, si el peje es de hierro y armado con bombas y torpedos, que así sea.