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Una Ciudad Llamada Roberto
Una Ciudad Llamada Roberto

Una Ciudad Llamada Roberto

 

“He gave the term ‘complete’ a new meaning.

He made the word ‘superstar’ seem inadequate.

He had about him a touch of royalty”

-Bowie Kuhn, 1973

El mejor jugador latino de todos los tiempos, ninguno como él. Un jugador completo que quebrantó todas las barreras y estereotipos. Roberto Clemente era puertorriqueño y no hablaba inglés, pero eso no lo detuvo de hacer jugadas espectaculares en la Serie Mundial. Roberto era negro, eso no impidió que ganara cuatro campeonatos de bateo. Clemente era delgado, no se veía corpulento, pero eso no impidió que ganara doce guantes de oro por su defensa impecable. Su fuerza no era de apariencia sino de resultados, dicen que su brazo podía sacar al corredor más rápido en cualquier base. Considerado como el mejor de su época y  uno de todos los tiempos. Todos los elogios y logros no cambiaron su humilde personalidad. La fama y la fortuna no le hizo olvidar sus orígenes humildes en Puerto Rico, él ayudó a los de abajo siempre. Él no es solo un héroe provincial, es querido en el mundo entero. El nombre de Roberto Clemente exalta a 40 escuelas en los Estados Unidos, dos hospitales de niños en Nicaragua, numerosos parques públicos desde el Bronx a Pittsburgh, y parques de béisbol desde Carolina, hasta Mannheim, Alemania. Roberto Clemente es mucho más que béisbol, es un humanitario. Si Roberto viviera no le impresionaría nada estos honores como ser el único jugador exaltado al Salón de la Fama sin pasar por un periodo de espera o escuelas, calles y coliseos con su nombre. Lo único que le interesaría sería poder desarrollar su sueño, una ciudad deportiva donde los niños puedan jugar y dedicarse al deporte. Ver que ya se está llegando a esa meta le haría feliz, no por que lleva su nombre ni por la estatua de doce pies que hicieron frente al complejo en su honor, sino por los niños. El dio su vida por los niños, por los de abajo. El 31de diciembre de 1972 Roberto salió a llevar ayuda a las víctimas de un terremoto en Nicaragua. Roberto Clemente murió esa noche, su cuerpo nunca apareció. Dicen que se le ha visto en los parques de béisbol de los barrios en Puerto Rico, bailando y aplaudiendo, celebrando las jugadas bonitas de los niños.